Mujeres al poder

Miguel Angel Rodriguez

La conformación del directorio legislativo y la selección por parte del Sr. presidente Carlos Alvarado de su Gabinete, han determinado un importante cambio de género en la conducción de los poderes Legislativo y Ejecutivo.

Este es un nuevo e importante cambio en la participación política de las mujeres, que se viene conformando en un largo proceso, y que se aceleró en las últimas décadas.

Por primera vez en nuestra historia el Gabinete del presidente Alvarado estará integrado por más mujeres que hombres.

A la Asamblea Legislativa no solo llegó doña Carolina Herrera, la tercera Presidenta de su historia, 18 años después de la Presidencia de doña Rina Contreras durante el periodo en que tuve el honor de ejercer la Presidencia de la República. Sino que también, por primera vez, el Directorio Legislativo tendrá una conformación con cinco estimables mujeres y un varón.

También es de destacar que la nueva Asamblea Legislativa estará integrada por un 46% de diputadas, lo que con mucho constituye la mayor representación femenina de nuestra historia en el órgano legislativo.

Este histórico aporte de las mujeres al gobierno, se da como continuación de un largo proceso en el cual durante años las mujeres han llevado adelante una dura lucha para alcanzar justicia en su participación política.

Después de la aprobación del Código Civil en 1888 que —en relación a su época— otorgó avanzados derechos en este campo a la mujer, las cosas transcurrieron muy lentamente para reconocerle sus derechos políticos. Fueron en vano las propuestas de los presidentes José Joaquín Rodríguez en 1890, Ricardo Jiménez en 1915 y Julio Acosta en 1920 para reconocer el derecho al voto a las mujeres, lo que después de la intensa lucha de doña Ángela Acuña y sus compañeras desde 1922 y de su Liga Feminista desde 1923, solo se logró con la Constitución de 1949.

Los primeros votos femeninos en La Tigra y La Fortuna en 1950, el voto de las mujeres en la elección nacional de 1953, las primeras diputadas en 1953, las distinguidas señoras Ana Rosa Chacón, María Teresa Obregón y Estela Quesada; rompieron brecha para seguir impulsando la participación política de la mujer. Doña Rose Mary Karpinsky fue la primera mujer que ocupó la Presidencia de la Asamblea Legislativa en 1986. Después con grandes lapsos entre ellas vendría doña Rina y ahora doña Carolina.

En 1990 impulsada por la primera dama doña Margarita Penón se emite la Ley de Promoción de la Igualdad Social de las Mujeres con la cual se establece la obligación del Estado de promover y garantizar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en los campos político, económico, social y cultural; se insta a los partidos a dar participación a las mujeres, se establece una defensoría para proteger sus derechos y se legisla en diversos campos para promover la incorporación y protección de las mujeres.

Para facilitar a las mujeres trabajar, surgen con doña Gloria Bejarano los más de 500 hogares comunitarios como microempresas de mujeres que dieron atención a miles de niños liberando a su madres para participar en el mercado laboral, y para proteger sus derechos y promover políticas para integrarlas se da bajo el patrocinio de doña Josette Altmann la creación del Instituto de las Mujeres.

Soy testigo de excepción de la vocación de Lorena mi esposa por facilitar la actividad política de las mujeres.

Desde que iniciamos nuestra actividad político electoral en 1987 Lorena se dedicó con enorme devoción y sacrificio a recorrer el país, con compañeras en esas lides, para reunirse con señoras de los más variados nivel económico, posición social y desarrollo profesional. Y aprendió muchísimo, de lo cual mucho me beneficié por su generoso compartir de las experiencias.

Palpó en esos años cómo las mujeres realizaban tareas muy valiosas para la actividad partidaria, pero casi no tenían acceso a puestos en los comités del partido en distritos y cantones, ni a integrar las papeletas para ser candidatas a puestos de elección popular. Recuerdo que en una reunión, los dirigentes de un cantón contestaron a su solicitud de que integraran mujeres al Comité que allí no “había mujeres” a lo que Lorena les replicó preguntándoles que si allí los bebes nacían de huevos.

Logró para las campañas de 1994 y 1998 contar con distinguidas académicas de nuestro medio y traer a expertas internacionales para evaluar estos temas de participación política de las mujeres, y concluyeron que para abrirles verdaderas posibilidades era indispensable establecer acciones afirmativas que lo obligaran, y no simplemente señalar su conveniencia. Además se convencieron —y nos convencieron a muchos-— de que era indispensable abrir campo en el Consejo de Gobierno para que los temas destinados a luchar contra la milenaria discriminación en contra de las mujeres fuesen tratados en todas las áreas de la administración.

Para lograrlo en el Congreso Ideológico de 1995 que aprobó la Carta Socialcristiana a Costa Rica se acordó establecer un sistema de cuotas que obligó a que al menos un 40% de todos los órganos del PUSC estuviese en manos de mujeres, y que de igual manera se integrasen las listas para candidaturas a los puestos de elección popular.

Esta fue una verdadera revolución política en el país, que después fue convertida en ley de la República, que se ha ido perfeccionando determinando primero que debían ser puestos elegibles según el resultado histórico, y luego que deben alternar hombres y mujeres en las papeletas, y que su encabezamiento debe también ser equitativo entre los dos sexos.

También de estas tareas de Lorena y sus colaboradoras surgió el establecimiento dela Ministra de la Condición de la Mujer, y la apertura de las Oficinas Municipales de la Condición de la Mujer.

Hoy que con justicia celebramos el relevo de género que se da en la conformación de los poderes Legislativo y Ejecutivo rindo con entusiasmo mi reconocimiento a Lorena y a todas las demás mujeres que tanto han contribuido a este gran logro.

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